Datos personales

sábado, 11 de abril de 2015

Sueño de invierno, de Nuri Bilge Ceylan (2014)

Una de las pocas criticas que ha tenido la película de Nuri Bilge Ceylan es ser demasiado sesuda, intelectual, discursiva y, en últimas, aburrida. Se le critica ser demasiado larga y sostenerse a punta de diálogos y de nada de acción. Se dice que cuando la trama sale del hotel en el que tiene lugar la película cobra vida y se vuelve más natural y emocionante. Se le critica tener diálogos artificiales.

En efecto muchos de los diálogos son artificiales, pero eso no es un error sino, justamente, su gracia. Y por ser artificiales dejan de ser sesudos, intelectuales, abstractos, discursivos o demasiado inteligentes. En este caso, la combinación de la profundidad de los diálogos y su impostura resulta en comedia. En realidad la fuerza de las conversaciones está, más que en ellas mismas, en lo que dicen de los personajes, en cómo hablan, en cómo dan la pelea, en cómo se retiran y cómo regresan, en cómo se resignan y cómo triunfan. Toda la película es una apuesta teatral. No quiere decir que los diálogos sean inocuos, vacíos o demasiado abstractos. Podría decir que se desarrollan en dos niveles: en su nivel más básico, reproducen los problemas centrales e históricos de la historia de la literatura, el cine y el teatro: los valores de la aristocracia, su aburrimiento, la separación de caminos en un matrimonio, el envejecimiento, la decadencia de los valores. Pero de otro lado, en su nivel más abstracto, son una comedia trágica.

De mis diálogos favoritos es el mantenido entre los dos hermanos, Aydin y su hermana Necle. La conversación sostiene los dos niveles: si en cuanto a contenido da cuenta de esos asuntos históricos que mencioné, de otro, en cuanto a la forma, es una comedia en la que los personajes se adelantan y retroceden sin saber bien para dónde van: es una estrategia que sin afán, con paciencia, nos presenta los conflictos internos de los personajes a partir de lo que dicen, no de lo que hacen. Eso tiene mucha gracia. El énfasis discursivo de la película no sólo la emparenta con el teatro sino que le da una fuerza inmensa. El resultado son personajes sumamente complejos de los que cualquier cosa se puede esperar: ver a Aydin liberando a su caballo o pidiendo perdón, a su hermana -pedante, aristócrata, quisquillosa- destrozada por su separación o al Imán maldiciendo a Aydin, responde a esa construcción compleja de cada uno de ellos.

Por eso Sueño de invierno se parece a un juego de máscaras. Todos los personajes guardan siempre una cortesía a veces ácida y a veces sutil que evita los momentos explosivos que a algunos críticos les hace falta. Frente a esta cortesía, sólo tres personajes suelen explotar fácilmente en oposición a la "impostura" de los otros: un niño, un borracho y una joven.

La película está llena de movimientos lentos que terminan generando una tormenta que, quizás, no es fácil de ver si no se tiene un ojo aguzado y, sobre todo, paciente. Por eso, sostengo que la falta de emoción, de acción, de "que pase algo" que le critican en algunas pocas reseñas, no tiene sustento.

Por último, Sueño de invierno me hizo sentir, como a tantos otros que defienden la película, leyendo una novela rusa del siglo diecinueve o un conjunto de cuentos Chéjov (de hecho, esta reseña dice que la película está basada en tres relatos del escritor: http://revistatarantula.com/sueno-de-invierno-de-nuri-bilge-ceylan/) o viendo una película, potenciada a la n, de Ingmar Bergman: conflictos internos, complejidad de los protagonistas, comedia, tragedia y, en fin, ese juego de máscaras en el que cualquier cosa puede pasar. Diez puntos.

Otras reseñas:

La odió: "La proyección se dedica a extensas e inconducentes conversaciones entre el protagonista, su esposa joven pero agotada, su hermana agria y resentida, y otra gente que difícilmente sepa cantar el Himno a la Alegría": http://www.ambito.com/diario/noticia_ee.asp?id=781275

Un audio de posiciones opuestas: https://soundcloud.com/la-autopista-del-sur-3/sueno-de-invierno


sábado, 21 de marzo de 2015

"Sólo con las estrellas para guiarnos". Un poema de Mark Strand

Siempre que los gigantes se iban de noche a acostar, llevándose consigo sus enormes juguetes, a nosotros no nos quedaba con qué jugar, y dormíamos bajo los sofás y las sillas. Jamás sería nuestro el don de la enormidad. Esta era una verdad a la que habíamos intentado darle, una y otra vez, nuestras diminutas espaldas –y siempre habíamos fracasado. Deshechos por el dolor, algunos de los nuestros encontraron consuelo en la oración, y otros, como nosotros mismos, eligieron seguir perros salvajes por los oscuros bosques infestados de alces de las tierras del norte, alimentándose la herida hasta que desfallecieron.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Muertitos

Entre dormido y despierto, entre borracho y sobrio, como en la mitad de algo, vi que un montón de muertos entraban por las paredes de mi habitación. Querían asustarme. Empezaron a mover la cama, a gemir y a hurgarme con sus deditos flacos y, rara cosa, sangrantes. Yo me quejaba y me sacudía para espantarlos. En algún momento me cansé y les grité: "¡Pinches muertos, lárguense de aquí!".

Para mi sorpresa, el grito tuvo efecto y todo quedó en silencio. La cama dejó de moverse y ya no sentí sus punzadas en mi cuerpo. Abrí los ojos para dejarlos entre abiertos y cerrados y los vi estáticos, como estatuas y mirándome como…, no sabría decirlo bien, como si ya no estuvieran ahí, como si ya se hubieran ido. Me sentí mal por ellos. No estaba bien tratarlos de esa forma. Seguro sufrían. Cerré los ojos, sonreí complaciente y les dije: "Muertos chingones. Si quieren pueden quedarse, pero dejen que me duerma. Además, estoy cumpliendo años. Chingones".

Lentamente fui quedándome dormido, abandonado en ese estado tan placentero de estar en la mitad de todo. Justo antes de comprometerme con el sueño entreabrí los ojos: estaban recostados en el suelo, unos sobre otros. No dormían. Todos me miraban.

En la radio, una locutora mexicana felicitaba a los niños que cumplían años ese día. Con Las mañanitas de fondo, dijo: "¡Y en su día de cumpleaños queremos felicitar a los niños Adán Abraján de la Cruz, Aberlardo Peniten, Benjamín Ascencio, Cristian Telumbre, Emiliano Gaspar de la Cruz, Jhosivani Guerrero de la Cruz y Pedro Baranda! ¡A ellos y a todos los niños que en el día de hoy estén iniciando un nuevo año de vida: feliz cumpleaños!". No me mencionó a mí. Quizás nadie le avisó. Me sentí un poco triste y solo. Abrí de nuevo los ojos y volví a ver a los muertitos. Estaban tranquilos. Dormían. Respiraban despacio y profundo. Algunos sonreían y se movían por lo que soñaban. Imaginándome sus sueños yo también empecé a dormirme.

Eran las cuatro de la mañana y yo vivía en México.