Datos personales

miércoles, 27 de julio de 2011

Los 7 locos. Roberto Arlt. 1929. Primera parte: La edición


No entiendo cómo pasó tanto tiempo sin leer a Roberto Arlt. La primera vez que supe de él fue por una canción o una entrevista a Fito Páez en donde hablaba de la influencia de su narrativa en la música que hacía. Ahora, habiendo leído Los siete locos siento que ya nada mejor puede hacerse sobre la angustia y la violencia. He decidido dividir mis comentarios en tres entradas distintas: la primera, dedicada sencillamente a la edición en la que tuve la fortuna de leer la novela y que sin duda alguna, contribuyó al placer que me generó: Colección Archivos; en segundo lugar, podré hablar particularmente de la manera como narra la angustia, el dolor de un hombre que encarna el dolor del mundo; y por último, la violencia, la violencia como único camino en el que una angustia tal puede derivar, y la violencia como única forma de existencia para un individuo en esas condiciones: “ser a través de un crimen”, como dice el mismo texto.

La edición:
Colección Archivos (Secretaría de Cultura de la nación argentina / Conabip -que asocia a doce países). Edición crítica coordinada por Mario Goloboff. Papel de arroz, "Los siete locos" y "Los lanzallamas" en un sólo tomo. La tabla de contenido del tomo: 1. Introducción ("Liminar. Roberto Arlt, excéntrico", de Beatriz Sarlo; "Introducción" del Coordinador, Mario Goloboff; "Nota filológica preliminar" de Ana María Zubieta); 2. El texto (Los siete locos y los lanzallamas), con el siguiente formato: dividido en dos columnas, en la izquierda tiene el texto original del autor (con todos los errores de estilo, puntuación, ortografía, todos los acentos, etc., de Arlt) y en la derecha las modificaciones hechas por los correctores de estilo; en los pies de página, Zubieta hace comentarios sobre estas modificaciones (la mayoría desautorizándolas) y además, interpretaciones bastante importantes alrededor de escenas muy particulares y detalles que de otra forma pasarían de largo. 3. Cronología de Roberto Arlt: lista de acontecimientos biográficos acompañados, cada uno, por: "Se publica en Argentina", "Se publica en América Latina", y algunos otros datos de contexto, la mayoría de carácter político (a propósito: también es Aries, nació el 2 de abril de 1900). 4. Historia del texto: "Ficción y crónica en Los Siete Locos y Los Lanzallamas" por José Corral y "Clase media y lectura: la construcción de los sentidos" de Andrés Avellaneda. 5. Lecturas del texto: "Un utópico país llamado Erar" de Noé Jitrik, "Elogio de la razón y la locura" de José Amícola, "Los siete Locos y Los Lanzallamas: audacia y candor del expresionismo" de Maryce, Renaud. 6. Dossier de la obra: Recepción (miles de piezas alrededor de la obra: una carta de Arlt a su hermana, fragmentos de entrevistas al autor, artículos y fragmentos, menciones a la obra de parte de críticos y literatos, en fin, cerca de 20 documentos), Actualidad de Arlt: Testimonios (diez escritores testimonian la importancia de Arlt en sus trabajos), 7. Bibliografía e índice: con las distintas ediciones (a mi edad ya había publicado El juguete rabioso y Los siete locos), los aguafuertes, las obras de teatro (me imaginé mil veces los siete locos en teatro, debe haber adaptaciones seguramente), las traducciones (Alemán, italiano, portugués, inglés, francés), bibliografías, Revistas y homenajes, monografías, artículos, partes de libros y notas, 8. El programa Archivos: origen, objetivos, actores, fechas y resultados, directivo, títulos, plan general de la edición, coeditores y distribuidores (a nosotros nos apunta sólo el FCE y la UNAM). Al final, 7 hojas en blanco (por supuesto, también en papel de arroz).

lunes, 27 de junio de 2011

Winter's Bone (Lazos de Sangre). Debra Granik. 2010

Imposible no pensar en Terrence Malick. Winter's bone, o la manera como la tradujeron aquí: Lazos de sangre (que de hecho me gusta más), es todo un ejemplo de cómo contar de manera sencilla una historia, pero dotándola de una increible seriedad, complejidad y honestidad. En Tokyo-Ga, película de Wenders sobre Jazujiro Ozu, el director alemanán se refiere a la inmensa capacidad para contar sin juzgar, ver sin querer demostrar; pues "Lazos de sangre" es eso (aunque se pueda decir que quiere hacer visible la realidad del crack en EU no es eso lo más importante). Es un acercamiento complejo a un Estados Unidos rural del que casi nunca se habla, aquellas zonas de los bosques en donde se produce, se consume y se comercializa el crack; zonas de familias descompuestas y de adictos dispuestos a hacer cualquier cosa para sostener el negocio.


"Lazos de sangre" transita por temas tan trillados como la drogadicción, la policía, las familias descompuestas, sin caer en un sólo lugar común y creo que allí está su gracia: Ree, una joven de 17 años encargada del cuidado de sus dos hermanos y de su madre enferma, no es la típica niña llorona que cruza por los más increíbles infortunios orientados únicamente a hacernos llorar; pero no es tampoco la niña-niño, niña-adulto, niña-hombre obligada por el contexto a olvidarse de su niñez y su feminidad, como sí ocurre por ejemplo con True grit (Temple de acero), la última película de los Hermanos Coen. Ree, maravillosamente interpretada por Jennifer Lawrence (X-men), es un personaje duro, cómo no serlo, pero que nos muestra con una que otra escena, que sigue siendo una niña de 17 años ingenua y hasta tierna. La escena en la que debe cortar las dos manos de su padre, es muy buen ejemplo de ello porque justamente logra escapar tanto de hacer de la escena una profunda tragedia (un llanto incontrolado de Ree que le impidera hacer lo que debía por ejemplo) como de dotarla de la insensibilidad típica de un grupo de narcotraficantes. Así suene fácil, acercarse a personajes de este tipo sin caer en los prototipos, sin exagerar aspectos de su carácter, etc., no resulta nada fácil. De otro lado, está el típico asunto de los malos y los buenos, particularmente prototípicos cuando se trata de la violencia: víctima o victimario, a eso se reduce todo. Teardrop, tío de Ree es el más claro ejemplo de cómo la directora evita este camino: la manera como transita de ser uno de los peores personajes de la película a convertirse en el principal cómplice de la sobrina, es un camino que la directora Debra Granik (aunque realmente creo que los méritos son de Daniel Woodrell, el autor de la novela original) recorre adentrándose en la complejidad interna del personaje: la importancia de sus lazos familiares, su soledad, la sensación de no tener nada que perder, etc., hacen que Teardrop se convierta en un sujeto mucho más complejo de lo que podría ser.

Por último está la música, un manejo muchísimo más serio, menos cursi, de lo que podría haber sido. Perfectamente la música podría haber sido utilizada como una especie de catarsis, o de acompañante del final feliz. Sin embargo, aunque la música siempre está presente, no es explotada como herramienta narrativa que le dé fuerza a ciertos sentimientos, particularmente la nostalgia o, más aún, a un final feliz en el que todos se reconcilian: cuando Teardrop toma el banjo casi al final, cuando todo se ha solucionado ya, esperamos que toque la canción de la reconciliación, que nos haga entender que ya todo pasó, que empieza un nuevo día. Pero no: por mucho conoce cuatro notas que toca sin mayor gracia, después de lo cual decide abandonar el instrumento. Pero hay una segunda oportunidad, "esta vez sí", nos decimos, llegó el momento que nos permitirá salir con una sonrisa de tranquilidad: el banjo lo toma la niña de seis años, sus hermanos sonríen al verla, pero bueno... nuevamente decepción, no es más que una escena bonita pero nada más, nada que nos permita sentir que efectivamente todo mejoró.

Lazos de sangre es una película cruda pero profundamente realista, profundamente honesta. Yo insisto que se debe a la novela más que a su traducción en la pantalla. Habrá que leerla. Por ahora, ya la he visto dos veces en la última semana y cada vez me convenzo más de que resulta un excelente manual para saber cómo contar historias decentemente.

martes, 31 de mayo de 2011

Objetos antiguos

Mi obsesión por objetos antiguos, por el pasado en general, no es nueva; quizás es que sólo hasta ahora comienzo a tomármela en serio. Creo que hace parte del rechazo a esa tendencia de estar siempre actualizado, de ser siempre el primero en haber escuchado algo, haber leído algo, haber sabido algo, haber dicho algo. Al lado de la velocidad que impone esa competencia, creo que prefiero la tranquilidad de devolverse, de desandar, de volver sobre lo que ya se ha hecho y se ha olvidado; prefiero eso al estar siempre haciendo, al estar siempre hablando, siempre contando algo; prefiero eso a la permente acumulación de haceres, de cosas, a la permanente acumulación de basura informática que tan pocas huellas deja.

Ayer y antes de ayer estuve dedicado a las tiendas de antiguedades en la novena. No se trata de nada nuevo, ni en el sentido literal por supuesto, ni en términos de lo que significa la novedad en estos tiempos. Nada nuevo que contar, por decirlo de alguna manera; ninguna sensación nueva. Al contrario se trata de cosas ya sabidas, de sensaciones ya conocidas, de olores viejos, de páginas a punto de desvanecerse, de máquinas de escribir polvorientas con miles de historias detrás, de cascos originales del nacionalsocialismo, de escaleras que rechinan con cada paso, de olor a polvo. Sin embargo, no se trata de melancolía ni nostalgia por lo perdido; más que el simple rechazo a la competencia desenfrenada por la permanente actualización, más que una nueva tendencia, se trata de un tiempo detenido, de un camino distinto, un camino descubierto y por descubrir; un camino, nuevamente, más para recoger que para acumular.